
LUGAR DE ENCUENTRO
La prueba, que Crivillé corrió con la misma actitud que había corrido las demás, "para matar el gusanillo de la competición, contactar con la naturaleza y darle vidilla a Kola, mi caballo árabe", volvió a ser lugar de encuentro de cuidadores de caballos propiedad de jeques de Qatar, Dubai, Abú Dabi o Arabia Saudí.
Esos ricos propietarios tienen distribuidos por buena parte de Europa a decenas de sus caballos más valiosos. El objetivo es que los cuiden, los entrenen y los hagan correr para saber cuál de ellos será capaz de darle el triunfo a su propietario en las citas más importantes del calendario internacional, como el mundial de campo a través que, en septiembre, se celebra en Malasia.
La prueba del sábado fue la forma ideal de conocer el estado de los caballos, que pasan, incluso a lo largo de la carrera, numerosos controles veterinarios. "No solo controles antidopaje, no, sino también --explicó Crivillé-- "verificaciones médicas para ver si el caballo sufre alguna lesión, cojea o no, para medir sus pulsaciones o saber si el caballo está bien hidratado. Es muy fácil que los veterinarios te impidan seguir la carrera si ven que hay riesgo de que al corcel le ocurra algo", dijo el bicampeón mundial de motociclismo.






